Historia de Dinant

Historia de Dinant

Pocas ciudades de las que he visitado tiene una historia tan interesante, intensa y al mismo tiempo, trágica, como la que tiene Dinant, una ciudad que podría tener sus orígenes en la época celta, a principios de nuestra era, a pesar de haberse encontrado diversos asentamientos prehistóricos en la zona, pero que sin embargo, no fue mencionada en los libros hasta el año 670, cuando se hablara de ella en el “Anónimo de Rávena”.

Su estratégica situación en el centro de Europa, en una vía de comercio entre el Este y el Oeste, y en medio, habitualmente, de grandes potencias como el reino de Francia o el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, le valió no sólo grandes riquezas provenientes de ese comercio en la Edad Media, sino ser también víctima de violentos saqueos, de asedios y, más recientemente, de trágicos bombardeos.

Fue así que, siendo como era el río Mosa un cauce para la navegación y el transporte de mercancías, pequeñas núcleos urbanos fueron creciendo en sus orillas, todos ellos con unos elementos comunes: un puente para cruzarlo, un barrio de casas y un castillo que lo defendiera. Dinant fue uno de esos enclaves, un núcleo que surgió a la sombra de Namur desde que en el año 870, mediante el Tratado de Meerssen, se le concediera al conde de Namur una parte de la gestión de la ciudad, quedando la otra parte de la gestión, en principio, en manos del Principado de Lieja. Fue este último el que durante cientos de años mantuvo el mayor poder en Dinant, lo que permitió que la ciudad creciera física y económicamente.

Entre los años 1.000 al 1.200, Dinant vio construir su primer puente de piedra, en el año 1.080; la reparación y ampliación de su castillo en el año 1.040; y el comienzo de la construcción de su famosa Colegiata de Notre Dame y de la Iglesia de San Martín alrededor del año 1.100. Además fue en estos años cuando la exportación de bronce comenzaría a despuntar en una región rica en cobre.

Sin embargo, las revueltas y conflictos tan habituales en el Medievo no tardarían en aparecer violentamente aunque no detendrían su creciente comercio de orfebrería, que no tardaría en llegar incluso hasta Inglaterra. Las disputas con las cercanas Namur y Bouvignes se acrecentaban y las tensiones convertían a Dinant en un auténtico polvorín.

Poco tardaría ya en llegar el primero de los más graves sucesos acaecidos en Dinant. En la primavera del año 1465 Carlos de Valois, al que la Historia conocerá como Carlos “el temerario”, se apoderó del Ducado de Borgoña en el que aún gobernaba su padre, Felipe “el Bueno”.  Carlos no tardó en desafiar a su gran enemigo, el rey francés Luis XI, y sitió París. Sus posesiones se incrementaban con la región de la Picardía y la ciudad de Bolougne, mientras en los Países Bajos sólo el principado de Lieja separaba sus posesiones del Mosa. Las revueltas producidas tanto en Lieja como en Dinant hicieron que volviera sus ojos hacia estas ciudades.

Dinant se convirtió en el símbolo por el que doblegar al príncipe de Lieja. El 25 de agosto del año 1466, entró en la ciudad y la asoló, incendiándola. Aquel día, conocido como el de “la matanza de Dinant”, murieron cientos de dinantinos, unos durante la invasión y saqueo y otros atados por parejas y arrojados desde el puente al río, donde perecieron ahogados.

la matanza de Dinant

La matanza de Dinant

El segundo episodio trágico de la ciudad ocurrió casi doscientos años después, con el enfrentamiento entre Francia y el Imperio Español, presente entonces en los Países Bajos.

Aunque Dinant permanecía neutral no pudo evitar verse incluida debido, una vez más, a su situación geográfica. Siendo como es frontera con Francia, y separándola del resto de Bélgica, era lógico que las tropas de Luis XIV  subieran por el Mosa para adentrarse en territorio belga. La primera ciudad a su paso era, evidentemente, Dinant. El Sacro Imperio Germánico, aliado de España, había tomado la ciudad ya en el año 1674 para enfrentarse a Francia, pero apenas un año después, la ciudad caería ante las huestes francesas. Una vez más, en el año 1675, Dinant fue asediada y capturada, siendo asolada. El castillo originario, entre otras edificaciones, fue mandado destruir por Luis XIV.

Dinant, una ciudad soberbia, rica siglos atrás, había caído en desgracia, y tras la marcha de los franceses, se sumió en la pobreza y la hambruna. A pesar de los disturbios internos, aún le quedaría por vivir otros episodios bélicos, como la guerra entre Francia y y el Imperio Austro-Húngaro, en el año 1792. Dinant pertenecería a Austria hasta el año 1795 cuando Francia se anexionó el principado de Lieja, y finalmente, acabaría por caer bajo el protectorado belga años después.

De nuevo, y cuando ya la ciudad parecía recuperarse económicamente gracias a las propiedades de sus aguas que la convertían en una ciudad balneario conocida sobre todo en Inglaterra, a principios del siglo XX hubo de vivir su segundo episodio más sangriento: la primera guerra Mundial. De todos es conocida la ofensiva del Mosa que prácticamente dio fin a esta gran guerra, pero que se llevaría por delante a miles de vidas de habitantes de ciudades valonas. Dinant fue una de las más perjudicadas pues resultó nuevamente incendiada y destruida casi en su totalidad, a pesar de que la ciudad se defendía de la que ya era su actual ciudadela con artillería pesada y una tupida red de subterráneos.

Dinant en la primera Guerra Mundial

Dinant, tras la Primera Guerra Mundial

También en la Segunda Guerra Mundial hubo de sufrir en sus alrededores la conocida como batalla de las Árdenas, aunque en este caso, sus efectos sobre la ciudad no fueron tan evidentes, pero de ella aún se conservan piezas de artillería alemanas que habían sido colocadas en la Ciudadela como fuerza antiaérea frente a los aliados.

A día de hoy, Dinant cuenta con unos diez mil  habitantes, frente a los cincuenta mil que llegó a tener siglos atrás (buena muestra del terrible peso de su Historia) y aunque sigue viviendo de la orfebrería, como en la Edad Media, poco a poco intenta abrirse al turismo, para mostrar que lejos de ser una ciudad belicosa, es un remanso donde relajarse es bien posible con sus paisajes y su tremenda tranquilidad.

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